domingo, 21 de agosto de 2016

Taoísmo y anarquismo (I)


El anarquismo como filosofía política y social llama a la oposición y abolición del Estado entendido como gobierno y, por extensión, de toda autoridad, jerarquía o control social que se imponga al individuo. La palabra “anarquía” deriva del griego clásico “acracia”, la cual designa una concepción que niega la necesidad de que exista cualquier clase de autoridad. Este tipo de terminología parece reflejar una idea de contrato pacífico y asociación libre entre los habitantes de una sociedad, un orden libre acordado sin coacción entre los particulares, donde no se acepta la legitimidad de ninguna imposición, pues las personas no han nacido para obedecer, sino para decidir por sí mismas.

Como concepto refleja un elevado sentido de la libertad individual y colectiva, y sin embargo a día de hoy el término suele tener un sentido peyorativo del que parece que nunca se vaya a desprender. Pero ese sentido peyorativo actual del concepto de “anarquismo” tiene un explicación histórica y social. Es a finales del siglo XIX la época en la que el anarquismo tuvo su apogeo máximo a nivel sociopolítico, con personajes referentes como Mihail Bakunin (1814-1876).

La oposición de Bakunin a toda autoridad o autoritarismo, le lleva a rechazar todo tipo de Estado, inclusive uno gobernado en nombre del proletariado, pues creía en la revolución inmediata y espontánea y para llevarla a cabo confiaba en las masas trabajadoras en su conjunto. Bakunin defendía la insurrección armada, considerando que todo cambio social no debía ser la conquista del poder sino la destrucción del mismo y de todo Estado. En ese contexto histórico y tras episodios de terrorismo protagonizados por grupos armados anarquistas, tuvo lugar la “Conferencia Internacional de Roma para la Defensa Social contra los Anarquistas” en 1898. En ella participaron 27 países en la cual acordaron definir al movimiento anarquista como "todo acto de violencia con el fin de destruir la organización de la sociedad". En ella se acordó también silenciar a la prensa anarquista y prohibir todas las actividades relacionadas con este movimiento. Desde aquel entonces el término “anarquismo” ha pasado a ser sinónimo de desorden y de caos, perdiendo completamente el sentido principal de sus ideas y de modelo de organización.

Pero manteniéndonos en el concepto original del sentido del anarquismo individualista, podemos ver en ello una tradición filosófica con un particular énfasis en la autonomía del individuo, sosteniendo que cada uno es su propio dueño. Definiéndonos en este contexto encontramos otros célebres personajes históricos, referentes de ese tipo de ideas filosóficas que representan más cercanamente el origen del concepto de la acracia, como el escritor Henry David Thoreau (1817-1862), poeta y filósofo que escribió la obra “La desobediencia civil”, en la que declara uno de los conceptos principales de su ideología: la idea de que el gobierno no debe tener más poder que el que los ciudadanos estén dispuestos a concederle. La desobediencia civil revela el conflicto existente entre la legalidad impuesta y su legitimidad y justicia.

Thoreau exponía que “El mejor gobierno es el que no tiene que gobernar en absoluto, y cuando los pueblos estén preparados para ello, ése será el tipo de gobierno que tengan. En el mejor de los casos, el gobierno no es más que una conveniencia, pero en su mayoría los gobiernos son inconvenientes y todos han resultado serlo en algún momento”.

Thoreau pertenecía a una tendencia filosófica que floreció aproximadamente entre 1836 y 1860, hablamos del movimiento filosófico del trascendentalismo, el cual comenzó como un movimiento de reforma dentro de la Iglesia Unitaria que procuraba extender la aplicación del pensamiento sobre el Dios interior y la significación del pensamiento intuitivo.

Dentro de ese movimiento filosófico encontramos otro célebre escritor relacionado con la filosofía del anarquismo, se trata de León Tolstói (1828-1910), quien fue también precursor de lo que poco después se denominaría "naturismo", y quien encuentra también en el discurso y la figura de Jesús de Nazaret una gran presencia de los valores anarquistas.

Tolstói abogaba por vivir según la ley de Cristo: amándonos los unos a los otros, siendo vegetarianos y trabajando la tierra con nuestras propias manos. El célebre escritor explica y argumenta detalladamente que la Iglesia ha pervertido las enseñanzas de Jesús de Nazaret, y expone también cómo la no resistencia es una de las claves de la verdadera doctrina cristiana. Esta idea de la no resistencia se encuentra en el “Sermón de la Montaña” pronunciado por el propio Jesús de Nazaret y el cual contiene las disciplinas principales del cristianismo.

De izq a derecha: Mihail Bakunin, Henry D. Thoreau, Leon Tolstói

Volviendo de nuevo al concepto original del anarquismo en su sentido mas puro de orden libre sin imposición alguna de intereses particulares. Vemos en este concepto un estilo de vida libre y natural, muy relacionado con ideas que sostienen el naturismo, el ecologismo, o incluso algunos métodos de intervención siguiendo el proceso natural como por ejemplo la medicina naturista, que trata de mantener la salud o de restablecerla con medios naturales.

Si asociamos todos estas ideas filosóficas asociadas al anarquismo podemos ver que los pensamientos, reflexiones e ideas anarquistas más antiguas de que se tiene constancia en la historia proceden del filósofo chino Lao Zi (老子), también opuesto al Estado y a la autoridad de cualquier otro tipo.

A Lao Zi, quien pudo haber vivido entre los siglos VI y IV a.C., se le considera como uno de los filósofos más relevantes de la civilización china. Se le atribuye haber escrito el Dào Dé Jing (o Tao Te King), obra esencial de la filosofía del taoísmo.

Lao Zi explica que el orden natural es el modo en que la naturaleza permite la continuidad de la existencia, por lo que ese orden no realiza cosas en favor de intereses personales, ya que carece de intereses propios, sólo es el fluir constante de la existencia, favoreciendo así a todos los seres y cosas en pos de su continuidad en vez de declinarse sólo por unos pocos, así pues es imparcial y justo, es el equilibrio y la armonía que impulsa mejorar la existencia, contrariamente a los tabúes y reglas absolutistas que el hombre impuso para favorecer a unos pocos, a costa del infortunio de todos los otros.

Lao Zi hace alusión al concepto taoísta del “wú wéi”, la "acción decreciente" o "voluntad menguante", como los aspectos clave en el éxito de la sabiduría. La filosofía taoísta reconoce que el universo ya funciona armoniosamente de acuerdo con sus propios principios; cuando el ser humano enfrenta su voluntad contra el mundo, altera la armonía que ya existe. Esto no significa que las personas deban renunciar a su voluntad, más bien, se trata de cómo actuar en relación a los procesos naturales críticos existentes.

El “wú wéi” también ha sido traducido como "quietud creativa" o el arte de "dejar ser". Esto no supone un desdén de la razón, más bien es una manera de entender que el orden natural está dentro de todas las cosas y seres. Lao Zi hace comparativas en sus escritos al hecho de gobernar un pueblo mediante el principio del “wu wei”, pues compara las actividades de gobernar y freír un pescado: “mucho calor y la comida se arruina”, es decir, mantener el orden pero no oprimir. Para lograr esto, hay que comprender las costumbres del pueblo y no ir en contra de ellas.

De esa forma Lao Zi habla de la virtud en el ser humano como el funcionamiento armonioso en pos de su naturaleza y su desenvolvimiento social, en contraste con el comportamiento rutinario forjado por ordenanzas impuestas artificialmente que resultan contradecir la naturaleza que el ser humano debería seguir para perpetuar su bienestar en el mundo.

Asimismo el más famoso de sus sucesores, el poeta Zhuang Zi (莊子), el cual vivió entre 369 y 290 a. C., despreciaba también las reglas sociales y a los hombres de poder, incluso rechazó el nombramiento de primer ministro por parte del rey del Estado Chu. Abogaba por un gobierno que no interviniera en la vida del pueblo e indicaba que el objetivo último de la vida no debía ser la riqueza ni la fama, que eran falsos e ilusorios, sino la libertad espiritual. Criticaba enérgicamente los sistemas políticos, sociales y morales establecido por las clases gobernantes. A Zhuang Zi se le atribuye mas directamente todavía la base del pensamiento del anarquismo individual.

El taoísmo concibe que la sociedad no debe regirse por gobiernos autoritarios que fuercen situaciones en la sociedad, en la naturaleza y en el ser humano. Si cada ser humano buscara y se guiara por su equilibrio esencial y natural, entonces los gobiernos no tendrían necesidad de imponer sus políticas.

Así pues el taoísmo y el anarquismo serían expresiones de un orden autorregulado por las propias fuerzas que lo componen, una ley interna a los seres, que rechaza la existencia o legitimidad de un regulador exterior a estas fuerzas.

Sus principales coincidencias son sus estructuras doctrinales que rechazan la imposición de un principio rector centralizado o externo a las fuerzas naturales del universo, anteponiendo frente a ello la autorganización intrínseca de las fuerzas naturales y humanas.

Escrito por:
Alex Mieza “Zī Xiǎo” 咨晓
16ª Generación de Wudang Sanfeng Pai
Publicado originalmente en: http://www.wudangcanarias.com/

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